
Estambul se convierte hoy en otro nodo crítico de la diplomacia internacional. En la capital económica de Turquía se desarrolla una cumbre de alto nivel entre el enviado especial de Estados Unidos para Medio Oriente, Steve Witkoff, y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, con la participación de representantes de Arabia Saudí y Egipto.
El objetivo de estas conversaciones excede ampliamente el marco del acuerdo nuclear clásico. La administración Trump busca avanzar hacia un pacto integral que incluya tres dimensiones centrales: el programa nuclear iraní, el desarrollo de misiles balísticos y la proyección de influencia regional de Teherán a través de actores no estatales en Medio Oriente.
A diferencia del enfoque multilateral que caracterizó al acuerdo de 2015, la actual estrategia estadounidense se apoya en una lógica de presión máxima reconfigurada, combinando negociación directa, sanciones selectivas y alineamiento con potencias regionales sunnitas. En los círculos diplomáticos, esta estrategia ha sido descrita como un intento de imponer una “sumisión estratégica” a Irán, con el objetivo explícito de evitar una confrontación militar abierta que podría desestabilizar toda la región.
Desde Teherán, la postura es ambivalente. Por un lado, la economía iraní continúa severamente afectada por las sanciones y el aislamiento financiero; por otro, el liderazgo iraní se resiste a aceptar limitaciones que comprometan su capacidad disuasiva y su rol como actor regional autónomo. La presencia de Arabia Saudí y Egipto en la mesa responde a la necesidad de Estados Unidos de regionalizar cualquier acuerdo, reduciendo los márgenes de maniobra iraníes y reforzando un equilibrio de poder favorable a sus aliados.
Estambul, una vez más, opera como espacio de encuentro entre agendas incompatibles, reflejando el carácter transaccional y fragmentado de la diplomacia contemporánea. Al igual que en el caso ucraniano, no se esperan anuncios espectaculares, pero sí señales que permitan evaluar si las partes están dispuestas a avanzar hacia compromisos graduales o si el escenario se encamina hacia una nueva fase de confrontación controlada.