El gobierno de Israel adoptó nuevas medidas que facilitan la compra de tierras por parte de colonos judíos en Cisjordania, un paso que refuerza el control israelí sobre el territorio ocupado y reaviva las tensiones regionales.

La decisión fue tomada en una reunión a puerta cerrada del gabinete de seguridad israelí el domingo, según informaron fuentes oficiales. Los cambios normativos reducen obstáculos administrativos y legales que hasta ahora limitaban la adquisición de tierras por parte de colonos, consolidando así la expansión de los asentamientos israelíes en la zona.
La medida fue duramente criticada por ocho países árabes y musulmanes —entre ellos Egipto, Jordania y Turquía— que denunciaron lo que calificaron como un intento de Israel de “acelerar la anexión ilegal” de Cisjordania y promover el desplazamiento de la población palestina. Desde estas capitales se insistió en que la política de asentamientos viola el derecho internacional y dificulta cualquier solución negociada al conflicto.
El anuncio se produce en un contexto diplomático sensible. Días atrás, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó públicamente la anexión formal de territorios palestinos y reconoció las aspiraciones palestinas a la creación de un Estado propio dentro de su plan de paz para Gaza. En este marco, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu tiene previsto reunirse con Trump en Washington en las próximas horas, un encuentro que podría clarificar hasta qué punto estas decisiones cuentan con margen político en la relación bilateral.
En paralelo, la política israelí sigue generando repercusiones fuera de Medio Oriente. La reciente visita del presidente israelí a Australia desencadenó protestas relacionadas con la guerra en Gaza. El viaje había sido organizado para expresar apoyo a la comunidad judía tras el ataque ocurrido en Bondi Beach, pero terminó convirtiéndose en un foco de movilización crítica contra la actuación israelí en el conflicto palestino.
En conjunto, las nuevas medidas en Cisjordania refuerzan una dinámica de hechos consumados sobre el terreno, en un momento en que el discurso internacional oscila entre el respaldo diplomático, la contención retórica y las crecientes advertencias sobre la viabilidad futura de una solución de dos Estados.