El pulso tecnológico entre Estados Unidos y China se ha desplazado del mero intercambio de productos finales a un control estratégico de las herramientas que permiten fabricar semiconductores. Esta coyuntura no solo define quién provee chips de alto rendimiento, sino quién controla la infraestructura industrial que habilita la próxima generación de tecnologías —desde inteligencia artificial hasta sistemas automáticos y defensa avanzada.

Imagen: Digwathc
Del producto al equipamiento: un cambio de eje en la política exportadora de semiconductores
Durante décadas, la discusión pública sobre la “guerra de chips” se concentró en procesadores y unidades de cálculo. Pero hoy, el debate más crítico gira alrededor de las herramientas de fabricación (WFE, por sus siglas en inglés): máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV), equipos de grabado y sistemas de inspección que constituyen la infraestructura física sin la cual no se pueden producir semiconductores de punta.
El gobierno de Washington y legisladores en el Congreso están presionando para limitar aún más el acceso de China a estas herramientas, argumentando que permitir su entrada equivale a concederle la posibilidad de igualar o superar tecnología estadounidense en semiconductores avanzados.
El análisis detrás de esta presión es claro: a diferencia de los chips terminados —que pueden ser vendidos con ciertas restricciones de rendimiento—, las herramientas de fabricación son menos sustituibles y más difíciles de replicar a escala sin apoyo estatal y ecosistemas industriales completos.
¿Qué está proponiendo Estados Unidos?
La propuesta que avanza en comités clave del Congreso exige que la administración restrinja la exportación de prácticamente todas las herramientas de producción sofisticada a China, dejando fuera únicamente aquellos equipos que puedan fabricarse íntegramente dentro de territorio chino sin componentes o tecnología extranjera.
Esto constituye un salto respecto a las rondas previas de controles que se centraban en chips de altas prestaciones para IA o sectores específicos. La idea central es bloquear las palancas que permitirían a China desarrollar una base manufacturera autónoma y competitiva.
Licencias, flexibilizaciones y alivios temporales: una política con doble cara
No obstante, la dinámica no es de prohibición absoluta. A finales de 2025, el gobierno estadounidense concedió licencias anuales que permiten a Samsung y SK Hynix exportar herramientas de litografía y otros equipos de fabricación a sus instalaciones en China durante 2026.
Este mecanismo de licencias anuales muestra dos cosas al mismo tiempo:
- El reconocimiento de que la industria global está profundamente integrada y que restricciones demasiado duras podrían perjudicar a fabricantes de terceros países (coreanos, europeos, japoneses).
- La voluntad política de mantener cierto grado de vigilancia estratégica sobre estos flujos, cambiando de un sistema previo de exenciones generales a uno que requiere renovaciones periódicas y decisiones discrecionales.
En términos prácticos, esta política introduce más riesgo regulatorio y menos certeza para actores fuera de Estados Unidos, algo que ya ha afectado decisiones de inversión y planes de expansión en Asia y Europa.
Implicancias para China, Estados Unidos y el sistema internacional
Para China, el endurecimiento de controles en herramientas significaría, en el mediano plazo, una presión enorme para desarrollar capacidades locales en maquinaria de fabricación. Esto es precisamente lo que Pekín ha intentado impulsar a través de subsidios estatales y programas de industrialización tecnológica. Sin embargo, replicar sofisticación tecnológica en máquinas EUV o grabadores de alta precisión lleva años de investigación, un ecosistema de proveedores y una base de conocimiento acumulado difícil de construir rápidamente.
Para Estados Unidos, la estrategia persigue mantener una ventaja competitiva estructural y fragmentar la cadena de producción mundial de tal forma que Pekín pierda velocidad en áreas estratégicas. Esta política refuerza la percepción de los semiconductores como territorio de seguridad nacional, no solo de competencia económica.
Pero también hay contracorrientes: fabricantes europeos, japoneses y coreanos han mostrado resistencia o preocupación por el impacto en sus negocios, lo que complica la formación de un frente occidental cohesivo.
Conclusión: tecnología, poder y el nuevo orden productivo
Lo que sucede en torno a los controles de exportación de herramientas va más allá de una disputa comercial: es una cuestión de geoeconomía y soberanía industrial. El acceso o la negación de herramientas de fabricación configurará en los próximos años quién lidera la próxima ola de innovación tecnológica.
Para una lectura sobre este enfrentamiento estructural, se recomienda leer el artículo de análisis “El “chip” de la geopolítica: por qué los semiconductores son el corazón del poder global”.