Gaza después de la guerra: reconstrucción, gobernanza y la iniciativa del Board of Peace

El debate sobre Gaza ha entrado en una nueva fase en 2026. Tras dos años de guerra entre Israel y Hamas, que dejaron gran parte de la Franja devastada, líderes internacionales se reunieron en Washington para dar forma a un plan de reconstrucción multilateral. La iniciativa central es la llamada Board of Peace, encabezada por el gobierno de Estados Unidos y que promete fondos, fuerzas de estabilización y un enfoque de largo plazo para la recuperación y la reconstrucción de Gaza.

© UNICEF/Mohammed Nateel. Los gazatíes regresan a sus vecindarios devastados en el norte de Gaza.

Una nueva arquitectura internacional para Gaza

Reconstrucción Gaza: un camino hacia la esperanza

La idea del Board of Peace fue presentada formalmente en Davos y consolidada en una reunión en Washington D.C. en febrero de 2026, en la que Estados Unidos declaró un aporte de 10.000 millones de dólares, mientras que otros nueve países prometieron unos 7.000 millones adicionales para la reconstrucción.

La iniciativa incluye planes para desplegar una fuerza internacional de estabilización compuesta por policías y soldados provenientes de varios países, así como capacitación de cuerpos de seguridad locales por parte de estados vecinos como Egipto y Jordania.

Este enfoque busca abordar no solo la reconstrucción física de hogares, infraestructura y servicios básicos, sino también la gobernanza y estabilidad institucional en un entorno post-conflicto extremadamente vulnerable.

El dilema de la soberanía y la legitimidad

Una pregunta central que divide a analistas y actores locales es quién debe tener la voz principal en la reconstrucción y la gobernanza futura de Gaza. El plan liderado por Estados Unidos y sus aliados propone una transición que, en teoría, incluye el desarme de Hamas y la creación de estructuras más amplias de gobernanza civil.

Sin embargo, este componente es precisamente la parte más controvertida. Aunque el plan se presenta como una cooperación multilateral, varios gobiernos y organismos internacionales observan con cautela la centralidad de Washington y la posible superposición de intereses geopolíticos con los objetivos humanitarios.

Históricamente, los procesos de reconstrucción tras conflictos incluyen siempre una dimensión política que va más allá de la simple provisión de bienes y servicios; implican decisiones sobre quién administra, quién representa y bajo qué reglas se reconstruye la sociedad. En el caso de Gaza, este dilema se intensifica por las tensiones existentes entre actores locales, Israel, la Autoridad Palestina y la comunidad internacional más amplia.

Inconsistencias entre metas y resultados

Aunque el dinero prometido es sustancial, analistas independientes señalan que el monto total necesario para reconstruir Gaza podría superar los 70.000 millones de dólares, considerando que gran parte de la infraestructura fue destruida o severamente dañada.

A esto se suman problemas prácticos:

  • La seguridad cotidiana sigue siendo inestable, con riesgo de reanudación de enfrentamientos si los acuerdos de alto el fuego se fracturan.
  • La participación local en la toma de decisiones es incipiente, lo que limita la apropiación social de cualquier plan de reconstrucción.
  • El desarme de grupos armados y la creación de un entorno seguro no son tareas lineales ni rápidas, en un contexto donde aún persisten tensiones con Israel y divisiones internas.

La narrativa de la reconstrucción: ¿revitalización o dominio externo?

Otro aspecto relevante es la narrativa con la cual se presenta la reconstrucción. En algunos discursos oficiales se habla de una “Gaza nueva”, con infraestructura moderna y oportunidades económicas; en otros casos, críticos señalan que esto puede constituir una forma de insertar modelos de gobernanza externos y prioridades económicas ajenas a la realidad local.

Este debate no es puramente retórico: influye en cómo se asignan recursos, quién controla proyectos claves, y cómo se estructura el poder futuro. Una reconstrucción dominada por actores externos sin legitimidad local puede reproducir tensiones y desigualdades, incluso si mejora condiciones materiales.

Conclusión: reconstruir es político

La reconstrucción de Gaza no es un proceso técnico; es un ejercicio político con implicaciones estratégicas. El plan del Board of Peace encapsula este hecho: combina aportes financieros, despliegue de fuerzas, construcción institucional y un modelo de liderazgo global centrado en Estados Unidos.

Para internacionalizarse.org, analizar no solo el monto de los fondos o los componentes de infraestructura, sino la arquitectura política que subyace a este plan es esencial para comprender no solo cómo se reconstruye Gaza, sino qué modelo de gobernanza e integración regional se está impulsando en el proceso.

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