Dos nuevas escaladas entre Irán-Israel y Pakistán-Afganistán reavivan el problema de las guerras no resueltas

Las guerras no resueltas se manifiestan en la guerra Irán-Israel, Pakistán-Afganistán, ante la represalia iraní tras la muerte de Ali Larijani y el bombardeo sobre Kabul.

Irán, Israel y Afganistán-Pakistán vuelven a mostrar que las guerras no resueltas tienden a durar más, endurecerse y expandirse

La coyuntura internacional de estas horas deja dos novedades de peso. La primera es la nueva escalada entre Irán e Israel, marcada por el asesinato de Ali Larijani —una de las figuras más importantes del aparato de seguridad iraní— y por la posterior represalia iraní contra el área de Tel Aviv. La segunda es el salto en la guerra entre Pakistán y Afganistán, después del bombardeo contra el centro Omid de rehabilitación en Kabul, que el gobierno talibán denuncia como una masacre de civiles y que Islamabad presenta como un ataque preciso contra la infraestructura militar y terrorista. Saldo total: 400 muertos y 250 heridos.

Son dos frentes distintos, pero ambos vuelven a mostrar un mismo problema: cuando una guerra no encuentra una salida política, no suele estabilizarse; suele degradarse.

En Medio Oriente, la principal novedad es que el conflicto volvió a subir de nivel con un nuevo intercambio directo. Reuters informó que Irán atacó Tel Aviv con misiles que incluyeron municiones de racimo, en represalia por la muerte de Larijani, mientras AP reportó incidentes y alertas en otros puntos del Golfo, con explosiones en Emiratos Árabes Unidos y Qatar e interceptaciones en Arabia Saudita. El dato relevante no es solo la represalia en sí, sino el alcance más amplio que empieza a asumir la confrontación: el conflicto no queda contenido en el eje bilateral Irán-Israel, sino que proyecta inestabilidad sobre un espacio regional mucho mayor.

La muerte de Larijani también modifica el panorama político iraní. Reuters lo describió como el principal responsable de la seguridad del país, una figura central del núcleo de poder. La reacción iraní sugiere que estos golpes selectivos sobre la cúpula no están generando un colapso inmediato del aparato estatal. Más bien parecen reforzar una lógica de continuidad bajo presión: pérdida de cuadros clave, reemplazos rápidos y nueva represalia militar.

Ari Larijani, durante una rueda de prensa en agosto de 2025. (Europa Press/Marwan Naamani)

La guerra entre Pakistán y Afganistán sigue en la superficie y se manifiesta con el recrudecimiento de los bombardeos en Kabul

En Asia del Sur, la novedad también es grave. El gobierno talibán denunció la muerte de más de 400 personas en un bombardeo paquistaní sobre el Omid Addiction Treatment Hospital, un gran centro de rehabilitación instalado en una antigua base cercana al aeropuerto de Kabul. Pakistán rechazó la acusación y sostuvo que no atacó un hospital, sino instalaciones militares y de apoyo a grupos armados. Esto deja un dato duro y otro incierto: el saldo humano denunciado es enorme, pero el carácter exacto del blanco sigue siendo objeto de disputa entre las partes.

Equipo de rescate en la escena del bombardeo del hospital. BBC

Más allá de esa disputa, el episodio confirma que la guerra entre Pakistán y Afganistán ya superó el umbral de los choques fronterizos limitados. El conflicto, abierto desde fines de febrero, ya ha dejado centenares de civiles muertos o heridos y decenas de miles de desplazados. El ataque sobre Kabul aparece, así, como parte de una guerra que gana profundidad, letalidad y dificultad de contención.

Lo que vincula ambos casos no es una coordinación directa entre frentes, sino una lógica común. En guerras no resueltas, el tiempo rara vez actúa como moderador. Suele erosionar las vías diplomáticas, normalizar la represalia y ampliar el repertorio de objetivos, espacios y actores involucrados. La durabilidad no garantiza equilibrio; muchas veces produce endurecimiento. Y cuando ese endurecimiento se combina con vacíos políticos y mayor militarización, la expansión deja de ser una posibilidad remota y pasa a convertirse en una tendencia plausible. Esa es la advertencia más seria que dejan estas dos escaladas.

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