Guerra ruso-ucraniana en 2026: por qué el conflicto obliga a revisar los pronósticos

El frente se mueve poco, las bajas aumentan y la presión económica y social crece. Un nuevo informe de Internacionalizarse examina qué cambió y qué factores pueden definir la próxima etapa de la guerra.

Desde el comienzo de la invasión rusa en febrero de 2022, la guerra en Ucrania estuvo rodeada de proyecciones sobre su duración, su desenlace y la capacidad de cada actor para sostener el esfuerzo militar. En Internacionalizarse seguimos el conflicto desde sus primeras etapas y durante años consideramos probable que Rusia terminara imponiendo buena parte de sus objetivos estratégicos. La evolución de 2026 obliga a revisar esa lectura.

Rusia mantiene el control de aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano y conserva una capacidad militar considerable. Sin embargo, eso no se tradujo en una victoria decisiva. Las principales ofensivas avanzan a un ritmo extremadamente lento y, según los datos más recientes, durante algunos meses de 2026 Moscú llegó incluso a perder territorio en términos netos. El frente permanece prácticamente estabilizado, mientras el costo humano continúa aumentando.

Las estimaciones disponibles sitúan las bajas rusas en alrededor de 1,4 millones, con hasta 450.000 muertes. Son cifras difíciles de verificar de manera independiente y deben leerse como aproximaciones, pero permiten dimensionar la desproporción entre el costo acumulado y los cambios territoriales obtenidos.

Al mismo tiempo, la guerra aérea se intensificó. Los ataques con drones y misiles buscan afectar la infraestructura energética, logística e industrial de Ucrania, así como su capacidad para sostener el funcionamiento cotidiano del país.

La presión también alcanza a la economía rusa. La producción militar, el reclutamiento y las necesidades de la economía civil compiten por recursos limitados. Rusia necesita simultáneamente trabajadores, soldados, capacidad industrial y estabilidad social. Ante esas restricciones, el Kremlin enfrenta una decisión política cada vez más compleja: reducir sus objetivos y aceptar una negociación limitada, o trasladar una parte mayor del costo de la guerra a la sociedad rusa mediante más movilización, controles y coerción.

Ucrania continúa resistiendo, pero depende en gran medida del apoyo externo. Europa aumentó su participación ante la reducción del compromiso estadounidense, aunque la continuidad de esa asistencia seguirá condicionada por decisiones políticas tomadas fuera del país. Ninguna de las partes parece hoy en condiciones de imponer por sí sola un desenlace definitivo.

El conflicto entra así en una etapa en la que la resistencia económica, política y social puede resultar tan importante como la evolución del frente. Las negociaciones tampoco consiguieron resolver las diferencias fundamentales: Ucrania mantiene su reivindicación de integridad territorial y Rusia busca conservar los territorios ocupados y su capacidad de influencia sobre el futuro ucraniano.

El nuevo informe de Internacionalizarse analiza este escenario a partir de tres trabajos recientes de CSIS e IISS. Incluye datos sobre el frente, estimaciones de bajas, evolución de los ataques con drones, restricciones de la economía rusa y las opciones políticas que enfrenta el Kremlin.

El documento completo incorpora gráficos, mapas, referencias y notas metodológicas para comprender con mayor precisión en qué etapa se encuentra la guerra y cuáles son los factores que podrían definir su desenlace.

Descargá el informe completo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribirse

Recibe análisis internacionales exclusivos cada semana.