Cuba ante un dilema existencial: energía, coerción externa y escenarios de continuidad

La situación cubana entró en una fase más frágil por una razón concreta: la crisis energética dejó de ser un problema sectorial y pasó a ser un problema de gobernabilidad. Apagones prolongados, escasez de combustible y caída de servicios básicos están tensando la capacidad del Estado para sostener la vida cotidiana. A esto se suma una presión externa que, en las últimas semanas, tomó la forma de una herramienta geoeconómica explícita: castigar con aranceles a quienes abastezcan de petróleo a la isla.

El núcleo material: la energía como cuello de botella

En la práctica, el “cuello de botella” es sencillo: sin combustible no hay generación eléctrica estable, no hay transporte, no hay logística, no hay cadena de frío y no hay funcionamiento regular de hospitales y servicios esenciales. En los reportes recientes, los apagones y la escasez de combustible aparecen como el factor transversal que explica la degradación acelerada de las condiciones de vida, tanto en provincias como en la propia capital.

En términos estructurales, el problema es la brecha entre consumo y producción. Un recuento de prensa internacional sitúa la producción doméstica en torno a 40.000 barriles diarios, frente a un consumo aproximado de 100.000 barriles diarios, lo que hace a la isla dependiente de importaciones y acuerdos políticos externos.

A esto se sumó un dato crítico: según información de la firma Kpler citada por prensa financiera, Cuba tendría entre 15 y 20 días de reservas a los ritmos actuales. Ese número no “predice” un colapso automático, pero sí describe un margen operativo extremadamente corto.

Venezuela y México: fin de un amortiguador histórico

Durante años, el vínculo energético con Venezuela funcionó como amortiguador. Pero en 2026 ese canal aparece severamente afectado. Reuters informó que, en 2025, Cuba habría recibido en promedio 26.500 barriles diarios desde Venezuela y que los envíos se interrumpieron en el marco de la escalada regional.

En ese vacío, México pasó a ocupar un rol más visible como proveedor, aunque limitado y políticamente sensible. Associated Press reportó que México se volvió clave como abastecedor, pero sin señales claras de expansión sostenida del flujo en un contexto de mayor presión estadounidense.

La coerción de Washington: aranceles como herramienta indirecta

El giro más relevante de estas semanas es la decisión de Washington de convertir el petróleo en palanca geoeconómica mediante la amenaza de aranceles a terceros. El 29 de enero de 2026, el presidente Donald Trump anunció una medida que amenaza con imponer aranceles a países que suministren crudo o productos petroleros a Cuba.

Dos precisiones importan:

  1. La orden se apoya en un marco de “emergencia nacional” respecto de Cuba.
  2. No fija automáticamente un esquema cerrado de sanciones: habilita y organiza el instrumento (quién evalúa, qué criterios, etc.).

El fundamento público está formulado en clave de seguridad nacional. En el texto oficial publicado por la Casa Blanca, Cuba es descrita como una amenaza “inusual y extraordinaria” y se enumeran argumentos asociados a cooperación en inteligencia/defensa con adversarios y presencia de capacidades extranjeras en la isla.

Marco estratégico: hemisferio primero, luego el Indo-Pacífico

En términos de gran estrategia, el movimiento encaja con una jerarquización explícita de prioridades: defensa del territorio, primacía en el hemisferio occidental y disuasión frente a China en el Indo-Pacífico.

  • La National Security Strategy 2025 (publicada en diciembre de 2025) funciona como documento rector del Ejecutivo.
  • La National Defense Strategy 2026 (23 de enero de 2026) refuerza un énfasis en el hemisferio occidental y el “homeland”, y reordena prioridades de fuerza.

Esto no implica que Cuba sea “el objetivo central” de Washington, pero sí que puede convertirse en un teatro de demostración: coerción indirecta, señalamiento a terceros proveedores, y presión sobre el costo político de sostener al régimen.

Escenarios plausibles a corto y mediano plazo

Con la información disponible hoy, el futuro no está definido, pero sí se pueden ordenar escenarios:

Ajuste autoritario con racionamiento extremo

Más apagones, menor movilidad, caída de producción y servicios; control social reforzado para evitar protestas. Este es el camino “continuista” si se preserva cohesión interna y se consiguen suministros mínimos.

Negociación táctica con terceros y “oxígeno” parcial

Búsqueda acelerada de cargamentos spot, acuerdos discretos con proveedores y reconfiguración financiera para sortear sanciones, sin cambios políticos de fondo. Depende de que la amenaza arancelaria no disuada totalmente a potenciales suministradores.

Deterioro de orden público y crisis de gobernabilidad

No por guerra, sino por fallas acumulativas: energía → agua → alimentos → transporte → seguridad. En este marco se entiende la revisión de planes de contingencia/evacuación por parte de actores externos.

Conclusión

El dilema cubano hoy es existencial porque cruza capacidad material del Estado con presión externa estructurada. Cuando el suministro energético se vuelve incierto y, además, políticamente penalizado para terceros, la crisis deja de ser sólo económica: pasa a ser una disputa sobre sostenibilidad del control y provisión de bienes básicos.

Indicadores a seguir en las próximas semanas: (1) regularidad de cargamentos y origen, (2) duración real de los apagones fuera de La Habana, (3) señales de fractura o cierre dentro del aparato estatal, y (4) evolución del instrumento arancelario estadounidense (países alcanzados, porcentajes, plazos).

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