Las narrativas en el centro de la disputa por el poder global

Vivimos una época de redefiniciones. La estabilidad internacional que caracterizó las últimas décadas está en crisis, y con ella, las ideas que la legitimaban. En ese contexto, las narrativas —esas formas de explicar el mundo— se han vuelto una herramienta fundamental en la disputa por el poder global.

¿Qué son las narrativas?

Las narrativas son aquellos discursos (verbales y no verbales) que manifiestan un sistema de pensamiento y de comunicación entre grupos sociales. Materializan un mapa cognitivo y una forma de decodificar la realidad social. No son neutras: estructuran percepciones, moldean conductas, legitiman o desafían órdenes establecidos.

El orden internacional: más que relaciones entre Estados

Cuando hablamos de “orden internacional” nos referimos a algo más que vínculos diplomáticos. Hablamos de gobernanza global, de instituciones, de regímenes internacionales. Para que un orden funcione, necesita más que acuerdos: requiere legitimidad. Y esa legitimidad se construye mediante narrativas compartidas por una masa crítica de actores.

Un orden se sostiene en un determinado contexto económico, pero en última instancia es la política lo que decide su gestión. Las ideas dominantes no emergen solo por su contenido, sino por su capacidad de ser asumidas, repetidas y defendidas por actores con poder relativo.

El rol de los Estados en la construcción del orden

Aunque existan múltiples actores —empresas, medios, organismos multilaterales, ONG— los Estados siguen siendo los principales configuradores del orden global. Son ellos quienes definen estructuras y superestructuras que modelan el mundo, tanto desde lo material (economías, ejércitos, instituciones) como desde lo simbólico (discursos, valores, ideologías).

Un orden moldeado desde Europa

Desde hace más de 500 años, el mundo ha sido moldeado por las narrativas de Europa occidental, difundidas como verdades universales. Estas ideas se impusieron a través de la colonización, el comercio, la diplomacia y la guerra. El resultado fue la conformación del llamado “Orden Internacional Liberal”, hoy en crisis.

Durante mucho tiempo, los valores europeos fueron presentados como universales. Sin embargo, esa legitimidad nunca fue total: hubo actores que, desde distintos márgenes, resistieron y propusieron otros relatos.

El fin del centro único

Hoy, el orden multipolar gana terreno. A medida que Occidente pierde peso relativo frente a Oriente, se desdibuja la posibilidad de que exista un solo centro de poder capaz de imponer normas a escala global. Ya no hay una narrativa hegemónica incuestionable.

En un mundo en crisis, las narrativas se resignifican. La narrativa atlántica-occidental se enfrenta a discursos alternativos, muchos de ellos históricamente marginales, que hoy emergen con mayor peso político, económico y cultural.

La narrativa como disputa por el poder

Son las narrativas el verdadero centro de la disputa global. No se trata solo de economía o geopolítica: se trata de quién tiene la capacidad de definir lo que es justo, legítimo, deseable o inevitable.

Son las ideas y percepciones compartidas las que configuran las conductas. Son los Estados, organismos y actores no estatales los que buscan legitimar su existencia y su acumulación de poder relativo. Y para lograrlo, la narrativa es su base ideológica de sustentación.

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