El día en que el Perú comenzó a hablar con el mundo: la independencia y el nacimiento de la diplomacia peruana

El día en que el Perú comenzó a hablar con el mundo: la independencia y el nacimiento de la política exterior peruana

¿Cuándo comenzó realmente el Perú a hablar con el mundo?

La respuesta podría parecer evidente: el 28 de julio de 1821. Sin embargo, más que la proclamación de la independencia en sí, lo que comenzó aquel día fue un proceso mediante el cual el Perú dejó de ser un territorio representado por un imperio para convertirse en un Estado capaz de relacionarse con el resto del mundo mediante una política exterior propia.

Cada 28 de julio, el Perú conmemora la proclamación de su independencia como el acontecimiento que marcó el nacimiento de la República y el inicio de una nueva etapa política. La mayoría de las celebraciones evocan la figura de José de San Martín, las campañas emancipadoras y el fin del dominio colonial español. Sin embargo, existe una dimensión de la independencia que suele recibir menor atención: fue el momento en que el Perú comenzó a construir una voz propia en la comunidad internacional.

Desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, la independencia no representó únicamente la ruptura con España. También significó el inicio del Perú como sujeto del Derecho Internacional y como un Estado capaz de relacionarse con otras naciones en condiciones de igualdad jurídica. A partir de entonces, el país dejó de ser un territorio representado por la Corona española para convertirse en un actor con capacidad de establecer relaciones diplomáticas, negociar tratados, participar en la comunidad internacional y definir su propia política exterior.

Hasta 1821, el Virreinato del Perú formaba parte del Imperio español. Como consecuencia, carecía de personalidad jurídica internacional. Las decisiones sobre comercio exterior, alianzas, relaciones diplomáticas y tratados eran adoptadas desde Madrid. En otras palabras, el Perú no podía decidir cómo relacionarse con el resto del mundo porque esa facultad pertenecía exclusivamente a la monarquía española.

La proclamación de la independencia cambió esa realidad, aunque el proceso fue gradual. Declarar la independencia era apenas el primer paso. Para consolidarse como un Estado soberano, el Perú debía demostrar que podía ejercer autoridad sobre su territorio, organizar instituciones permanentes y obtener el reconocimiento de otras naciones. En el Derecho Internacional del siglo XIX, ese reconocimiento era un elemento esencial para consolidar la legitimidad de los nuevos Estados surgidos tras los procesos de independencia en América.

Consciente de esa necesidad, José de San Martín adoptó una decisión que pocas veces ocupa un lugar destacado en los relatos tradicionales sobre la independencia. El 3 de agosto de 1821, apenas cinco días después de la proclamación, creó la Secretaría de Estado y Relaciones Exteriores y nombró a Juan García del Río como su primer ministro. Nacía así la institución que hoy conocemos como el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, una de las primeras entidades del Estado republicano y responsable de conducir la política exterior del país.

La creación de esta institución respondió a una necesidad inmediata. El nuevo Estado debía comenzar a establecer relaciones diplomáticas, enviar representantes al exterior, negociar acuerdos comerciales y buscar el reconocimiento internacional que permitiera consolidar su independencia. La diplomacia no fue una tarea secundaria: formó parte del propio proceso de construcción del Estado peruano.

Durante los años siguientes, el Perú inició su incorporación a la comunidad internacional. En 1826 participó en el Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar, considerado uno de los primeros intentos por fortalecer la cooperación política entre las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Aunque sus resultados fueron limitados, el Congreso reflejó la voluntad de los nuevos Estados de coordinar posiciones comunes frente a los desafíos políticos y estratégicos que enfrentaba la región tras la independencia.

Ese mismo año, diversos Estados comenzaron a reconocer a la República del Perú e iniciaron relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno. Entre ellos se encontraba Estados Unidos, que estableció relaciones oficiales con el país en 1826. España, en cambio, reconocería formalmente la independencia peruana varias décadas después, mediante el Tratado de Paz y Amistad de 1879. Estos acontecimientos recuerdan que la independencia no fue un acto instantáneo, sino un proceso político, jurídico y diplomático que se consolidó progresivamente.

Con el paso del tiempo, la política exterior peruana amplió considerablemente sus objetivos. Además de buscar reconocimiento internacional, comenzó a desempeñar funciones esenciales para el desarrollo del país: negociar tratados, promover el comercio exterior, resolver controversias mediante el Derecho Internacional, proteger a los ciudadanos peruanos en el extranjero y fortalecer la cooperación regional e internacional.

Hoy, el Perú mantiene una amplia red de relaciones diplomáticas con Estados de todos los continentes y participa activamente en organizaciones como las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, APEC, la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico y otros mecanismos multilaterales. A través de estos espacios impulsa el comercio, promueve la cooperación internacional y participa en la búsqueda de soluciones frente a desafíos globales como el cambio climático, la transformación digital, la seguridad alimentaria y la estabilidad regional.

En un escenario internacional caracterizado por una creciente competencia geopolítica, la transformación tecnológica y una profunda interdependencia económica, la política exterior continúa siendo una herramienta estratégica para el desarrollo nacional. La independencia otorgó al Perú la posibilidad de decidir su propio destino; la diplomacia ha permitido proyectar esa decisión más allá de sus fronteras durante más de dos siglos.

Por ello, las Fiestas Patrias también constituyen una oportunidad para recordar un aspecto menos conocido de nuestra historia. El 28 de julio de 1821 no solo marcó el nacimiento de la República. También representó el inicio de un largo proceso mediante el cual el Perú comenzó a construir una voz propia en la comunidad internacional.

Comprender esa dimensión permite valorar la independencia desde una perspectiva más amplia. No fue únicamente el fin del dominio colonial español; fue también el nacimiento de la política exterior peruana y el comienzo de una presencia internacional que continúa evolucionando hasta nuestros días. Más de dos siglos después, el Perú sigue hablando con el mundo a través de su diplomacia, del Derecho Internacional y de una política exterior que busca proteger los intereses nacionales y contribuir a la cooperación entre las naciones.


Sobre el autor

Gonzalo Otárola es bachiller en Relaciones Internacionales, con interés en geopolítica, cooperación internacional y transformaciones del sistema internacional contemporáneo.

Nota editorial: las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición de Internacionalizarse.

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