Mientras tanto, ¿Qué está haciendo China?

China tiene mucho que decir en esta guerra entre Estados Unidos e Irán, que ha revivido la importancia del Estrecho de Ormuz como instrumento de guerra.

Este miércoles 15 de abril, mientras el mundo seguía la cuenta regresiva del cese al fuego entre EEUU e Irán, Xi Jinping tuvo una agenda cargada en Beijing. Recibió al canciller ruso, Serguéi Lavrov, para pedir una coordinación estratégica “más estrecha y sólida” entre China y Rusia. Asistió a la firma de acuerdos de cooperación con Vietnam. Y su Ministerio de Relaciones Exteriores calificó el bloqueo del Estrecho de Ormuz como “peligroso e irresponsable.”

Tres movimientos en un solo día. Ninguno es casual.

El petróleo como palanca

Para entender la posición de China en este conflicto, un dato lo resume todo: aproximadamente el 90% de las exportaciones de petróleo iraní tienen como destino China. Según estimaciones de la firma de inteligencia marítima Windward, unos 157,7 millones de barriles de crudo iraní estaban en tránsito marítimo el martes 14, casi todos con rumbo a puertos chinos. El petróleo iraní representó alrededor del 12% del total de importaciones chinas de crudo en 2025, generalmente comercializado a través de intermediarios y con descuento por las sanciones occidentales.

Esto convierte a Beijing en el principal receptor del dolor del bloqueo. Sin petróleo iraní, China debe diversificar proveedores y pagar más caro. Sin embargo, el impacto es manejable a corto y mediano plazo: China tiene reservas estratégicas y comerciales que cubren más de 120 días de importaciones netas, según Dan Wang, directora para China del Eurasia Group. “Si solo se pierden los barriles iraníes, China puede absorber el golpe diversificando hacia otras fuentes y recurriendo más al carbón”, señaló.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, acusó públicamente a China de ser un “socio global no confiable” por acumular reservas de petróleo en lugar de aliviar la crisis energética mundial. Beijing rechazó la acusación. India, en cambio, tiene reservas para menos de 60 días y no cuenta con margen comparable. Ahí se ve claramente por qué los dos países reaccionan al conflicto de formas tan distintas.

Amenazas cruzadas y el límite de la paciencia

Más de un mes después del inicio de la guerra, Trump recurrió a su táctica habitual: amenazó con aranceles del 50% si China suministra armas a Irán. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, respondió sin rodeos: “China retaliará con contramedidas ante cualquier intento de EEUU de usar las ventas de armas como pretexto para aranceles adicionales.” Calificó la acusación de “calumnias infundadas y vinculación maliciosa.”

Es una escalada verbal significativa. Hasta el martes, Beijing había mantenido una postura relativamente contenida sobre el bloqueo. El endurecimiento del tono es una señal de que la paciencia tiene límites, pero también de que China no quiere cruzar líneas que comprometan la cumbre Trump-Xi prevista para mediados de mayo. Esa reunión es la gran variable. Trump la necesita como demostración de que su diplomacia funciona; Xi la necesita para gestionar una relación que define el orden económico global. La guerra de Irán, según Wendy Cutler del Asia Society Policy Institute, “puede echar por tierra ese esfuerzo.”

El escenario más peligroso no es un choque diplomático, sino uno físico. David Meale, de Eurasia Group, advierte: “Una interceptación de la Marina de EEUU a un buque chino sería probablemente un incidente mayor. China haría una demostración de que no cede en una situación así.” Ese momento dejaría la relación bilateral en un lugar fundamentalmente distinto al actual.

El martes ya hubo un anticipo: el tanquero Rich Starry, sancionado por EEUU y vinculado a la empresa china Shanghai Xuanrun Shipping, cruzó el bloqueo navegando bajo bandera de Malawi. No hubo intercepción. No hubo declaración oficial sobre el episodio por parte de Washington. El silencio fue elocuente.

Vietnam, Rusia y el Sur Global: la arquitectura paralela

Lo que hizo Xi este miércoles va más allá de la crisis inmediata. La firma de acuerdos de cooperación con Vietnam —un país con el que China mantiene tensiones históricas en el Mar del Sur de China— refleja un esfuerzo sistemático por consolidar influencia regional mientras Occidente está concentrado en el Estrecho de Ormuz.

La reunión con Lavrov es aún más elocuente. Xi pidió “defender firmemente los intereses legítimos” de ambos países y “salvaguardar la unidad de los países del Sur Global.” Es el lenguaje de una arquitectura alternativa al orden liberal occidental: dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad posicionándose como contrapeso, con el Sur Global como audiencia y aliado potencial.

No es retórica vacía. Mientras EEUU gasta capital político, naval y económico en un conflicto que genera inflación doméstica y aislamiento internacional, China firma contratos, consolida alianzas y refuerza el discurso de la multipolaridad. No necesita ganar la guerra. Solo necesita que EEUU la gestione mal.

El silencioso ganador

Hay un titular que circuló en medios alemanes este miércoles que lo resume con precisión: “Xi asegura influencia, petróleo y contratos: China se convierte en el silencioso ganador de la guerra de Irán.”

Es una tesis que vale examinar con cuidado, porque no es automáticamente cierta. China también enfrenta riesgos reales: el encarecimiento energético, la posible escalada arancelaria, la presión sobre sus bancos que operan en dólares. Y el conflicto puede derivar en formas que compliquen su posición.

Pero por ahora, la comparación es elocuente: mientras Washington gasta, Beijing acumula. Mientras EEUU enajena a aliados europeos, China firma con Vietnam. Mientras Trump responde tweets del Papa a medianoche, Xi recibe a Lavrov y habla del largo plazo.

En el tablero global, la paciencia estratégica tiene su propio tipo de poder.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribirse

Recibe análisis internacionales exclusivos cada semana.